miércoles, 21 de noviembre de 2007

La leyenda del Mate

Según Palabras de Broges:



sobre el mate

"He tomado mucho mate cuando era joven. Tomar mate, para mi, era la forma de sentirme criollo viejo. Me lo cebaba yo mismo y creo que lo hacía muy mal porque siempre había flotando unos palitos sospechosos. Tenía dos mates, uno común, y otro de los que se llaman galleta. Y ahora, caramba, he perdido el hábito. "

"En el Cairo uno entra en una tienda y le ofrecen, inmediatamente, café, vino, frutas... Luego le dicen: 'Bienvenido a Egipto'. Después cuando uno pregunta el precio de algo, con toda cortesia le advierten. '¡No, señor! ¡Es un regalo!' Pero se sobreentiende que esto es una convención y que no es un regalo que se deba aceptar. En seguida viene el regateo, que puede durar media hora o tres cuartos de hora. Uno ofrece cinco y ellos piden veinticinco y todo eso para que, finalmente, el precio quede en diez. Y es una maravilla porque si uno no compra nada, igual son muy corteses. "
"Ellos no han descubierto el mate, pero igual han encontrado una manera, casi más simpática, de perder el tiempo. "







La Leyenda del Mate:


EL ÁRBOL DE LA LUNA

Una noche, dos indios que volvían de cazar, oyeron un llanto en rincón del bosque. -Es Ñacurutú, el búho que se queja -dijo uno de los indios.
El otro indio dejó a su compañero y se metió solo en el bosque.

Los árboles oscurecían el camino y el indio andaba despacio, despacio, guiándose únicamente por el llanto que cada vez oía más cerca. De pronto, Yasí, la Luna, pasó entre las ramas y con su dedo blanco señaló un lugar. Allí alumbrado por un rayo de Luna, el indio descubrió un bebé. Tomó en sus brazos el niñito, lo llevó a su tribu y lo entregó a las mujeres para que lo criaran. El bebé creció entre los indiecitos que jugaban, aprendió a hablar y caminar. Como era mucho más blanco que sus compañeros, lo llamaron"Morotí ", que quería decir "blanco ", en guaraní , la lengua de esos indios.

Todos querían a Morotí. Y él no se quedaba quieto, corría de aquí para allá , iba con los pescadores en la canoa, traía leña para las hogueras, seguía al alfarero y hundía sus deditos en el barro. Pero a la noche, en cuanto aparecía la Luna, Morotí se quedaba quieto, quieto, mirándola. Mientras los otros indiecitos domían en sus hamacas, Morotí pasaba la noche despierto, con los ojos fijos en la Luna blanca . Una noche, Morotí, que soló tenía cinco años, desapareció de la tribu . Los niños y las mujeres, los ancianos y los cazadores, buscaron y buscaron al indiecito por todas partes, pero no lo encontraron. Morotí regresó al alba, cansado, chorreándole agua de los cabellos.
-Morotí, ¿dónde has estado ? -le preguntaron los ancianos.
-Nadando en el río -contestó. La Luna flotaba en el agua y quise alcanzarla. Pero siempre se iba y se iba.

Pasó el tiempo. Morotí creció un poco más. Cuando cumplió quince años sabía construir una choza con ramas y paja, conducir una canoa en medio de la tormenta y manejar el arco y la flecha como el mejor de los cazadores. Era un indio alto y fuerte. Entoces, se construyó una choza. Cuando la terminó, dejó la puerta abierta y esperó que llegara la noche. Pasaron las horas.

Yasí, la Luna, mostró su cara en el cielo. Después... despacito, despacito, dejó caer su luz y la luz se arrastró, encontró una puerta abierta ... la puerta de la choza de Morotí ... y penetró iluminando el lugar. Morotí se hechó a reír. ¡Al fín había atrapado a Yasí ! ... ¡Al fin tendría a la Luna en su choza! ¡Y para siempre! Morotí cerró la puerta rápidamente. La choza se oscureció y la Luna quedo afuera. Entonces Morotí salió y se fué por el río a buscar un camino que lo llevara hasta Yasí, la Luna.
No había caminos ni el agua, ni en la Tierra que se levantaran hasta la noche para llegar adonde brillaba la cara blanca de Yasí. Los días pasaron y pasaron. Morotí anduvo y anduvo. Hasta que tuvo ganas de ver otra vez a la gente de su tribu y regresó, más blanco y silencioso que nunca. Una noche Morotí vio sobre la hierba, un rastro de luz.


Era la marca de los pies de Yasí. Morotí siguió las huellas en la oscuridad, los pasos de la Luna brillaban como gotas de luz. Hasta que, de pronto, en claro monte, Morotí la vio.
Vio a la Luna convertida en una muchacha blanca y rubia, levantando de la mano a otra muchacha blanca: Araí, la nube. Morotí las siguió, escodiéndose detrás de los troncos gruesos y las hierbas altas. Pero de pronto saltó Yaguareté, el tigre.

Rápido como un rayo, Morotí luchó y lo venció. Después se arrodilló a los pies de Yasí le dijo: -Llévame. La Luna lo tomó de la mano y comenzaron a andar cielo arriba.
Morotí se cuidaba de no pisar las estrellas pequeñas y de no sacar de su sitio a las mayores. En la alta noche, pasó el tiempo, sin que Morotí se acordara de su tribu.
Pero una vez el viento le trajo el olor del bosque y el olor del río y Morotí recordó. Y ya no fue feliz.

Entonces Yasí, la Luna, le dijo: -Vuelve a la tierra, Morotí y sirve a tus hermanos. Yo nunca te abandoré. La Luna convirtió a Morotí en un árbol, el árbol de Ca-á: el árbol de la yerba mate. Las hojas del árbol de Ca-á son casi mágicas: dan fuerza y alegría. La tribu de Morotí y todas las tribus usaron sus hojas, porque el árbol de la yerba se multiplicó en las tierras de América.

Escondido en el árbol, vive Morotí, el indio. Y durante la noche una luz suave ilumina su copa. Son los dedos blancos de la Luna, acariciando la cabellera verde de Morotí.

(Adaptación de una de las "Leyendas de América" de Los Hermosos Libros. Centro Editor de América Latina).

3 comentarios:

BarakKhazad dijo...

:-)

qué linda la leyenda de Morotí y el árbol de Ca-á. me ha gustado mucho :)

besitos y fuerza!

NUTXO dijo...

jo q emotivos estais todos con las entradas ultimamente... en verdad me encanta!

preciosa historia q malo es el dinero q todo el mundo cree q hay q pagar por cosas q son gratis! besitos y animos para ti y Guille esta semana te llamo y hablamos u ratin besos bella!

nesi dijo...

Voy a prepararme un matecito...

Encontré hace tiempo un escrito sobre el mate precioso. Debo tenerlo por el PC en algún documento sin nombre. Cuando lo encuentre te lo paso...

Nutxo, quizás estamos emotivos porq empieza a hacer frío y apetece estar en el sofá, con una mantita... buscando calorcito.

Café cuando quieras.

Muak.